La Audiencia de Pontevedra ha condenado a un padre a pagar una multa de 150 euros por haber forzado a su hija a ingerir "grandes cantidades" de comida, "más de lo que es razonable", mientras le chillaba y le llamaba "gorda" y "guarra". El juez ha confirmado la pena que le impuso un juzgado de instrucción hace unos meses por un delito leve de coacciones.

Los hechos pasaron en agosto del 2016, cuando la menor se encontraba en casa de su padre, tal como marcaba el régimen de visitas que había vigente después de la separación de sus padres. Según la sentencia, la niña, de quien no se ha revelado la edad, venía de comer con una amiga y, cuando llegó a casa, le dijo a su padre que quería cenar.

El hombre se "enfadó" por los "hábitos alimentarios" de su hija, y le dijo que le haría comer "mucha comida" sin descanso, hasta que él dijera que ya era suficiente.

Bocadillos, ensaladas, oreja de cerdo y queso

El padre le preparó varios bocadillos, ensaladas, oreja de cerdo y platos de queso con la intención de que la niña se lo comiera todo, mientras lo regañaba, lanzándole insultos como "gorda" o "guarra".

Todo duró, aproximadamente, una hora, hasta que el hermano de la niña, de 11 años, llamó a su madre para avisarla de qué estaba pasando. La mujer se presentó en el lugar y se llevó a la niña con un cuadro de ansiedad en el hospital.

El padre recurrió la primera sentencia, dictada en diciembre, asegurando que lo había hecho con finalidad educativa. El juez, sin embargo, consideró que la actuación del padre fue desproporcionada: fue una situación hostil, con gritos y sin nada que hiciera pensar en una conducta educativa: "el hecho de obligar a comer más allá de lo que es razonable no está justificado ni es justificable".