Una mujer, cuyo marido es investigado por un juzgado de Instrucción de Jumilla (Murcia) por un presunto intento de estrangulamiento, ha asegurado que las lesiones que presentaba en el cuello habían sido producidas por un beso. De esta manera, la mujer se ha opuesto a que se adopte una medida de alejamiento del marido.

Desestimado los recursos de ambos

La Audiencia Provincial de Murcia, que ha desestimado los recursos que presentaron ambos contra la medida cautelar por la que se prohibía al investigado comunicarse o acercarse a ella, califica de "pueril" esa excusa, a la que no concede credibilidad alguna.

Un testigo observó como el investigado trataba de estrangular a la mujer

Afirma la sentencia, que tiene como ponente al magistrado Álvaro Castaño-Penalva, que el juzgado tomó esa medida a la vista de las diligencias practicadas para el esclarecimiento de los hechos y para evitar de que se pudieran repetir hechos similares.
En concreto, tuvo en cuenta lo manifestado por un testigo de los hechos, que aseguró que al escuchar los gritos de socorro de ella bajó a la calle y pudo observar cómo el investigado trataba de estrangularla.
También valoró la declaración de los dos agentes de la Guardia Civil que acudieron al lugar, un parque público, y que relataron que ella misma les confesó que había sido agredida por su marido.

El auto dice que los tribunales han de proteger a las víctimas aun en contra de su voluntad

En su recurso, la mujer alegó que no había riesgo objetivo alguno de que su esposo volviera a maltratarla, además de quitar importancia a los hechos investigados al comentar que "era la primera vez que le pegaba y que eran cosas normales en los matrimonios".
La Audiencia, al desestimar el recurso de ambos, respalda la decisión judicial y señala que, además, se cuenta con el parte de lesiones que sufrió ella y que los daños que mostraba el investigado en la mano eran compatibles con haberla golpeado.
El auto dice finalmente que "conductas como la investigada comportan un grave riesgo de que vuelvan a repetirse, por lo que los tribunales han de proteger a las víctimas aun en contra de su voluntad cuando por sí solas no son capaces de poner fin a la situación".