Dos desconocidos unidos por el mismo sueño: recorrer el mundo. El destino enlazó los caminos de Emiliano, un argentino más conocido como Choco, y Phillip, un australiano. Su conexión los llevó a vivir una aventura de película.

La historia de estos dos amigos empiezó hace 7 años, con una decisión vital de Choco, según ha explicado en una entrevista a Infobae. Con 22 años, decidió dejar la vida estable en su Argentina natal e ir a descubrir mundo. Propuso a su mejor amigo Marcos que lo acompañara en esta aventura, y así lo hicieron.

22 países y sumando: una gran experiencia de vida

Con sus motos de 125 cc recorrieron México, Colombia (donde vivieron un desagradable momento con las FARC -que acabó con ellos evacuados a Ecuador a bordo de un avión militar), Panamá y Costa Rica. Durante la travesía Choco trabajó de todo lo que pudo: trapecista, camarero...

En Costa Rica su camino y el de su compañero de viaje se separaron. Choco continuó, y a lomos de su moto travesó los Andes, los Alpes suizos y el Himalaya. Con más de 22 países y 65.000 km a los hombros, su mayor aventura todavía estaba por empezar.

Encontró su destino en Sydney

En el año 2014, cuando estaba cerca de Sydney, Australia, hizo los trabajos más rocambolescos para ganar dinero. Allí conoció al hombre que le cambiaría la vida: Phillip Stephens, un tetrapléjico australiano que siente pasión por el buen vino y por los viajes. Enseguida se hicieron buenos amigos, y ahora Choco trabaja como su cuidador nocturno.

Comparten una profunda amistad

Phillip solo contrata a argentinos: dice que prefiere su carácter y su proximidad. Choco, por su parte, asegura que ser su cuidador significa mucho más que limpiarlo o cambiarlo; significa ser su cuerpo, su energía. Su vínculo, dice, va más allá de lo físico.

A los dos les une su pasión por viajar, la curiosidad por el mundo y por explorarlo. Son polos opuestos, según Choco, pero se complementan y se entienden muy bien. Un día le preguntó a Phillip cuál era su sueño. Y allí empezó su gran aventura.

Choco i Phillip durante el ascenso

Choco y Phillip durante el ascenso. Instagram

Machu Picchu: el gran objetivo

Un cuidador de Phillip le había dicho que tenía que ir a ver con sus ojos el Machu Picchu. Según le explicó a su cuidador, no lo hizo nunca, porque está muy lejos de donde vive y por su condición física. Choco sonrió: "yo te llevaré", le aseguró.

Ayuda de su inestimable amigo

Choco no podía preparar esta aventura solo. Y quién mejor para acompañarlos en este viaje que su mejor amigo Marcos, con quien vivió tantas aventuras. El dúo de la moto se convirtió en un trío, y empezaron su travesía hacia una de las siete maravillas del mundo, pasando por siete países en siete semanas.

Lo cargaron durante más de seis horas

Contrataron a un guía que enseñara la belleza del Machu Picchu a Phillip. Alrededor de las ruinas hay una pasarela especialmente preparada por la gente con silla de ruedas. Pero para llegar tenían que cargar a Phillip entre todos.

En total, lo cargaron durante seis horas y media. En ciertos puntos del ascenso, turistas y gente desconocida se unían al grupo para ayudar con la silla y las cámaras que llevaban. Todos los que se cruzaban con el equipo los animaban. Finalmente, "lo conseguimos", explica Choco.

El premio fue su mirada

Según Choco, mirando la expresión que tenía en la cara Phillip supo que había valido la pena todo el esfuerzo. Cuando llegaron a la cima, todos disfrutaron en silencio de la belleza del Machu Picchu. Y de la proeza de su amistad, que los llevó mucho más lejos de donde estaban sus cuerpos.