Gabriel estuvo entre 45 y 90 minutos agonizando, según Francisco Torres, el letrado que ejerce la acusación en nombre de los padres de la víctima, Ángel Cruz y Patricia Ramírez. “Estuvo cerca de una hora con posibilidad de salvarse de haber habido una simple llamada”, ha asegurado.

Por ello, ha mantenido que la muerte del pequeño no fue un accidente porque Ana Julia hubiese podido llamar al 061 para socorrerlo, cosa que no hizo. “El móvil de Quezada fue doble, económico por un lado y Gabriel le estorbaba, por otro”, ha añadido.

La mujer le dio “una somanta de palos”

 

Según la acusación, la mujer le dio “una somanta de palos”, para luego coger una pala que había llevado a la finca días antes y cavó un agujero mientras el niño “agonizaba”. Al ver que seguía vivo, lo habría asfixiado. “Se fuma los cuatro cigarros y hace el hoyo. Es seguramente después cuando ve que aún respira, y ahí lo asfixia porque lo ve. O se ha arrodillado encima de él para ahogarlo o se ha echado encima. Posiblemente lo quiso descuartizar, si no, por qué lo desnudó”, proseguía Torres.

El dictamen revela que el niño tenía dos hematomas en la parte frontal y trasera de la cabeza, producidos a consecuencia de la paliza que Ana Julia le propinó antes de asfixiarlo. Torres definió a la acusada como “alguien rematadamente mala” y ha negado que se trate de una muerte accidental. “No cabe tanta maldad, no cabe hacer tanto daño a un niño y venir ahora con la tesis del accidente”, ha concluido.