Después de años de no querer saber nada, la familia de Isabel, la mujer que se pasó 15 años muerta en su casa sin que nadie se diera cuenta de ello, se interesó por el estado de la anciana por un interés económico: después de que se enteraran de que varias personas habían preguntado para comprar el piso dónde había vivido y donde, sin que nadie lo supiera, todavía había su cuerpo.

Así lo aseguran los vecinos, que dicen que en torno al año 2004 se preocuparon porque no sabían nada de la mujer que vivía en el segundo B de la calle José del Hierro, 51, y sospechaban del hedor que salía de la vivienda.

Dicen que lo denunciaron a la policía, que dijo que se tenía que ocupar la familia; al banco, que no les pudo dar ninguna información porque los pagos continuaban al orden del día; y, también, lo preguntaron a la familia, que no quiso saber nada y les colgó el teléfono.

Se hicieron a la idea que Isabel, que no tenía hijos y había enviudado pocos años antes, había ido a vivir con alguna sobrina, a una residencia o, incluso, a un centro psiquiátrico: tenía fuertes depresiones y había protagonizado algún incidente, como tirar objetos desde el balcón en la calle.

La posible compra del piso despertó el interés de la familia

Hace pocas semanas, sin embargo, el administrador de las fincas les comentó que había potenciales compradores interesados en el piso, según El Mundo. Eso llegó a oídos de los familiares, que volvieron a interesarse por la mujer una década y media después.

Una sobrina empezó a preguntar a los familiares si sabían alguna cosa, y, como nadie le supo decir qué se había hecho de la mujer, se presentó en el piso. La puerta estaba cerrada por dentro y nadie contestaba, y llamó a la policía.

El resto, ya es historia: la policía y los bomberos, ahora ya con permiso de la familia, entraron en el piso por una ventanilla que se había quedado entreabierta. El cuerpo medio momificado de la mujer era en el lavabo. El análisis de los restos determinó que había muerto por causas naturales hacía unos 15 años, cuando la anciana tenía unos 78 o 79 años.

Nadie se hubiera enterado si no fuera por un supuesto interés por la herencia. Los vecinos lo resumen bien: "se preocuparon demasiados tarde". Más de tres lustros tarde, concretamente.