Lori Wood, una enfermera de 57 años, y Jonathan Pinkard, un hombre de 27 con autismo, han protagonizado una historia que ha emocionado a todo el mundo en las redes: la mujer ha adoptado al joven, abriéndole las puertas a que reciba un trasplante de corazón.

Los hechos han pasado en Georgia (EE.UU.). Wood fue asignada al caso de Pinkard el diciembre pasado, y cuando lo conoció los médicos le daban pocos días de vida.

Le ha salvado la vida

Pinkard necesitaba un trasplante de corazón para sobrevivir, pero fue excluido de la lista porque uno de los requisitos principales es que los pacientes tengan alguien que los cuide después de la cirugía, informa el Daily Mail.

El hombre no solo no tenía nadie, sino que tampoco tenía un hogar: vivía entre el hospital y un albergue masculino.

Wood, que es enfermera de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Piedmont Newnan, tomó una decisión increíble: pidió a su paciente convertirse en su tutora legal. Sólo hacía dos días que se conocían.

Una gran conexión

Pinkard y Wood comparten, desde entonces, una gran relación madre-hijo. Él se mudó a la casa de la enfermera, y han descubierto que tienen gustos muy similares como, por ejemplo, el fútbol.

Gracias al gran gesto de Wood, Jonathan Pinkard volvió a ser admitido en la lista de trasplantes y, finalmente, en agosto recibió su nuevo corazón.

"Tenía que ayudarlo, era obvio", ha asegurado Wood. Y continúa: "Habría muerto sin el trasplante".

Le llama "mamá"

Desde entonces, Pinkard se dirige a la bondadosa enfermera como "mamá". Ella, por su parte, lleva el control de los medicamentos diarios del hombre y lo acompaña a todas las revisiones médicas.

"Me trata como si fuera su hijo", asegura el joven. Y es que Wood hace de madre en todos los sentidos y le da consejos para vivir de manera independiente. Ahora Pinkard planea volver a trabajar como oficinista, y ella ha confesado que echará de menos llegar a casa y encontrarlo.

"Ha sido maravilloso tenerlo en casa. Sabía que era lo que tenía que hacer", asegura la enfermera. Sus caminos se separan, pero siguen compartiendo la profunda conexión que han formado durante estos meses.