Un chico de 21 años ha tomado una serie de decisiones erróneas que, sin embargo, no han acabado tan mal como podía parecer. El joven se hizo un tatuaje en el brazo y, poco después, decidió borrárselo con una herramienta poco ortodoxa: un rallador de queso.

"Tengo mis motivos, no quiero que piensen que estoy loco", ha dicho el chico, argentino y que quiere mantenerse en el anonimato después de que su historia se haya hecho viral a partir de un tuit con las fotos del antes y el después de que publicó un amigo suyo.

Todo tiene, según el joven, una explicación. "Me hice el tatuaje y poco después quise inscribirme a las pruebas para ingresar en la policía", dice el chico a Infobae. "A los requisitos no lo decía, pero me comentaron que no podía llevar tatuajes visibles, y me lo quise borrar", asegura.

"Me hizo mucho daño y sangró muchísimo"

Sin embargo, también había motivos estéticos: "soy muy detallista y no me gustaba como había quedado". Entonces buscó en Youtube maneras de borrárselo: primero probó con una piedra pómez, sin resultados.

Después probó un método más radical: con un rallador de queso. "Me hizo mucho daño y sangró muchísimo", asegura el chico, "me lo tenía que vendar constantemente y ponerme desinfectante y antiséptico". Al cabo de una semana, el joven fue al hospital y le pusieron la vacuna antitetánica.

Peor el remedio que la enfermedad

Según los expertos que ha consultado el mismo medio, lo que ha hecho el chico es muy peligroso: "es posible que le quede una mancha en el brazo para toda la vida", porque la tinta se puede enganchar a las capas inferiores de la piel.

Técnicas caseras como esta, según parece, son habituales en las personas que tienen prisa para sacarse el tatuaje porque quieren entrar en las fuerzas de seguridad.

En este caso, por suerte, el tatuaje todavía no estaba lo bastante asentado y el resultado no ha sido tan terrible: se ha borrado casi del todo, pero también le ha quedado una cicatriz para siempre.

tatuaje borrado

El tatuaje se ha borrado casi del todo, pero le ha quedado una cicatriz

Sea como sea, la brutal operación fue infructuosa: "por problemas personales, decidí quedarme en casa y presenté a las pruebas de ingreso a la policía". Y de todo, sí que ha tomado una lección: "no lo recomiendo a nadie".