Birgitte Kallestad, de 24 años, había ido de vacaciones con su familia a Filipinas. Esta joven de Noruega, amante de los animales, se encontró un perrito vagando por las calles y se lo llevó al hotel. Lo que no se esperaba es que aquel gesto caritativo acabaría siendo fatal.

Un perrito rabioso

El perro era muy cariñoso y toda la familia jugaba con él sin saber que tenía una enfermedad vírica mortal: la rabia. Todos sufrieron pequeños rasguños y mordeduras, pero Birgitte, que trabajaba en un hospital, los curó enseguida.

Sin embargo, poco después de volver a casa se puso muy enferma y tuvieron que hospitalizarla varias veces. Los médicos no entendían qué podía tener y, después de estar ocho días ingresada, murió el lunes pasado.

Morir de rabia en el siglo XXI

La autopsia confirmó que Birgitte Kallestad tenía la rabia. A pesar de ser una enfermedad mortal, es fácilmente curable a día de hoy si se diagnostica a tiempo. El suyo es el primer caso mortal de rabia en Noruega después de más de 200 años. El resto de la familia y personas que han estado en contacto con la joven están siendo analizados y vacunados.