Un camionero de Lugo ha podido evitar una tragedia como la de la semana pasada, en la que 39 personas aparecieron muertas dentro de un camión que acababa de llegar al Reino Unido. El camionero, que llevaba un cargamento de carne al mismo país, encontró, el lunes pasado de madrugada, a once hombres que estaban escondidos en su remolque refrigerado.

El camionero se detuvo a descansar a unas dos horas del puerto de Caen, cerca del campamento de emigrantes de Calais. Es un hecho habitual para evitar, precisamente, que las personas que esperan en este campo una oportunidad para cruzar el canal de la Mancha se puedan colar, aprovechando la noche, dentro de los remolques.

Ruidos y golpes dentro del remolque

Después de haber dormido unas cuantas horas, el camionero arrancó y llegó al puerto francés. Cuando estaba a punto de embarcar, empezó a oír ruidos y golpes desde dentro del remolque. El hombre salió de la cola y se acercó a la garita de la Gendarmería para dar la voz de alarma, como recopilación La Voz de Galicia.

Los agentes desprecintaron el remolque y encontraron a once hombres de entre 20 y 40 años y de nacionalidad marroquí sentados encima de la carne refrigerada: la temperatura, en el interior, era de unos cuatro grados. La policía se llevó los once migrantes de vuelta en el campo de refugiados.

Podrían haber muerto congelados

Los migrantes, dentro el qué ninguno, tuvieron suerte: normalmente, la temperatura de estos camiones es de 20 grados bajo cero. Sin embargo, a cuatro grados también es posible que hubieran muerto de hipotermia. De hecho, el camionero cree que cuando oyó el ruido está porque los migrantes pensaban que ya eran dentro del barco y se preparaban para salir.

Según la policía francesa, las mafias que trafican con personas ya han descubierto que los camioneros no se detienen cerca del campo de migrantes, y ahora llevan a las personas en furgonetas en las áreas de servicio donde sí que descansan. Una vez allí, tienen todas las herramientas para, mientras el camionero duerme, abrir el remolque, dejar los migrantes dentro y volver a cerrarlo, salvando el precinto como si no hubiera pasado nada, de manera que el conductor, aunque lo revise, no se dé cuenta de que ha sido manipulado.

La empresa, por cierto, perdió el cargamento: aunque iba perfectamente envasada, la carne tuvo que ser destruida porque se había roto la cadena de custodia y los protocolos de seguridad alimentaria. Eso sí, el conductor fue identificado, pero no ha quedado ni como investigado ni ha sido detenido porque no sólo no tenía culpa sino que él mismo denunció los hechos.