La tragedia azotaba este viernes por la tarde a los trabajadores de la empresa Progatecsa. Roberto, el encargado de mantenimiento de la fábrica de piensos compuestos que la compañía tiene en el Camino Viejo de Simancas (Valladolid), fallecía al precipitarse a un pozo situado dentro de las instalaciones. En ese momento accedía a la planta Arturo. Este camionero de 48 años perdía la vida a causa de los gases tóxicos al intentar ayudar a su compañero a salir de la fosa séptica en la que había quedado sepultado.

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Los cuerpos eran descubiertos casi por casualidad sobre las ocho de la tarde. Según informa El Norte de Castilla, un operario de la fábrica de piensos encontraba en el borde la fosa séptica el móvil de Roberto y al asomarse se percataba de la gravedad de lo ocurrido y daba el aviso a los servicios de emergencias. Tras un laborioso rescate, los efectivos lograban sacar del pozo los cuerpos sin vida de los trabajadores, que eran trasladados al Instituto de Medicina Legal para practicarles la autopsia.

Las primeras indagaciones de la policía apuntan a que los hechos tuvieron lugar sobre las siete y media de la tarde. Roberto, el hombre de 58 años que se encargaba del mantenimiento de la planta, resbalaba y se precipitaba a una fosa séptica de unos 50 centímetros de diámetro y cuatro metros de profundidad. Arturo accedía en ese momento a las instalaciones con su camión y descargaba el material. Al percatarse de la caída del trabajador, el transportista se asomaba al pozo para ayudarle a salir y acaba falleciendo a causa de los gases tóxicos provenientes del agujero.

Consuelo

"Tu padre ha muerto ayudando, eso es seguro", señalaba un operario de la fábrica tratando de consolar a la hija de Arturo, recoge el mismo medio. Las familias de las dos víctimas acudieron a la planta sobre las diez y media de la noche, cuando los cuerpos ya habían podido ser rescatados y trasladados al Instituto de Medicina Legal. A falta del resultado de la autopsia, la principal hipótesis es que los trabajadores fallecieron por inhalación de gases o asfixia, el primero al quedar sepultado y el transportista al intentar sacarle del agujero.