Los médicos la dieron por muerta el pasado 20 de octubre. Incluso permitieron a la familia llevarse el cuerpo de la mujer para celebrar un funeral budista. Estuvo durando tres días dentro de un ataúd frío en un templo, según explica The Sun. Durante este tiempo la familia hizo los trámites y los preparativos para incinerarla.

El marido se dio cuenta de que estaba viva al ver que respiraba suavemente y movía los ojos

Al tercer día de su muerte, el ataúd donde estaba la mujer fue trasladado en un coche fúnebre hasta el lugar donde tenían que incinerárla.

Su marido de 73 años, Thawin Sopajorn, fue el encargado de hacer el tradicional lavado de cara antes de quemarla. El hombre se extrañó de que el cuerpo de su mujer no estuviera rígido. Fue en aquel momento que se dio cuenta de que respiraba suavemente y que movía los ojos.

Rápidamente dio la voz de alarma. Los servicios de emergencia llegaron rápidamente y le hicieron maniobras de reanimación cardiopulmonar. Poco después la trasladaron a su casa y la rodearon de botellas de agua caliente para elevar la temperatura de su cuerpo. Finalmente consiguieron recuperarla.

El marido cree que su mujer no tenía que morir todavía y asegura que cuidará de ella todo el tiempo extra que tenga a partir de ahora.