Las estafas por Internet, también conocidas como phishing, son cada vez más sofisticadas y peligrosas. Así lo reflejan los nuevos intentos de ataque que un usuario de Twitter ha narrado a través de su cuenta.

Pieter Gunst, un empesario estadounidense, casi cayó en la trampa de unos estafadores que lo llamaron haciéndose pasar por trabajadores de su banco. Según los hackers, alguien había intentado utilizar sus tarjetas, y tenía que verificar que no había sido él dando información de sus cuentas.

Una llamada y adiós al dinero

Gunst recibió la llamada de los hackers, haciéndose pasar por su banco, y se asustó cuando le dijeron que alguien estaba intentando utilizar sus tarjetas de crédito. Según el supuesto empleado, había bloqueado la operación "porque era sospechosa", pero tenía que comprobar que Gunst era el verdadero propietario de las cuentas.

El estafador le pidió su clave de usuario, que no es privada, y la víctima se la dijo en voz alta. A continuación, le dijo que recibiría un número de verificación, vía mensaje de móvil, cosa que Gunst pudo comprobar. Después de leer los números, también en voz alta, el empresario supo que lo estaban intentando estafar: el hombre que tenía a la otra línea de móvil le pedía el pin de la tarjeta.

Sospechó cuándo le pidieron el PIN

El supuesto operador le explicó que querían bloquearle el PIN a fin de que recibiera alertas cada vez que alguien que no fuera él le quisiera utilizar las tarjetas. Pero Gunst, de forma astuta, sospechó y se negó a dar el número secreto. A continuación llamó a su banco.

El banco nunca pedirá el número secreto de la tarjeta

La regla general es que los empleados del banco no pedirán nunca el PIN de la tarjeta de sus clientes. Gunst reaccionó de forma inteligente, pero la estafa que le querían hacer es fácilmente creíble.

Los hackers utilizaron el mismo número de cliente que él les facilitó para restablecer la contraseña. El sistema de doble verificación hace que la página del banco envíe una clave personal al número de móvil. Como Gunst leyó en voz alta esta clave, el estafador pudo acceder a información de la víctima.

Ante la sospecha, se tiene que hablar directamente con el banco

El estafador podía leer las transacciones y la información de Gunst, pero para retirar dinero de su cuenta necesitaba el PIN. Por eso se la pidió.

La víctima llamó a su banco y confirmó lo que se temía: le habían estado a punto de robar todo el dinero. Había estado a punto de caer en esta estafa que parecía real.