Las luces de alarma se encendieron cuando la Estela encontró a una de las ancianas del geriátrico en que trabajaba cubierta de excrementos y orina por todo el cuerpo. La Estela, una enfermera rumana con muchos años de experiencia tanto en su país como en Italia, avisó de los hechos a la dirección del centro. No sólo no le hicieron caso, sino que la echaron poniendo como excusa una tema de papeles.

Explica en un artículo aparecido en el diario Ara que recibió presiones para que aceptara la baja voluntaria. Todo lo contrario, ha denunciado el centro, la residencia Mossèn Vidal i Aunós, en Barcelona, en que hacía más de cinco años que estaba en plantilla, por despido improcedente.

El silencio por respuesta

La Estela ya no trabajaba en el centro pero su conciencia le decía que tenía que avisar a la familia de la anciana. Lo hizo. Contactó con la hija, Rosa Maria. Le dijo que tenía la certeza que en la residencia pasaban cosas raras. La realidad sería mucho peor que las dudas. De hecho, Rosa Maria ya sospechaba alguna cosa. Especialmente desde aquel día en que encontró a su madre con un ojo morado. Cuando preguntó a la dirección del centro qué había pasado, recibió el silencio por respuesta.

En libertad con cargos

Alertada por Estela, Rosa Maria decidió esconder una cámara en la habitación donde residía su padre y su madre, enferma de Alzhéimer. El devastador resultado fue un vídeo que se emitió emitido por TV3 el pasado 16 de marzo. En él se podía ver a uno de los cuidadores comerse el desayuno de la madre. En otro momento, una de las trabajadoras de la residencia la agredía físicamente. Peor todavía, en una tercera secuencia, uno de los cuidadores, aprovechando que se llevaban al hombre, abusaba sexualmente d'ella. Este dos últimos fueron detenidos. La defensa pedía prisión preventiva pero fueron puestos en libertad con cargos y una orden de alejamiento a más de un kilómetro de la anciana. El juez creyó que no había riesgo de reincidencia ni de fuga.

La agresora ha seguido trabajando

La pesadilla, sin embargo, persistió. No había pasado mucho, que Rosa Maria vio que la agresora publicaba fotografías en las redes sociales trabajando en lo que parecía uno geriátrico. En una de aquellas fotografías cometió el error de poner la localización. Era el Duran i Reynals, centro sociosanitario gestionado por el grupo Hestia Alliance. Rosa Maria no se lo podía creer. Explican en el diario Ara que han contactado y les han garantizado que sí, que la agresora trabajó, pero menos de un mes porque no pasó el periodo de prueba. Una fuente anónima, sin embargo, ha revelado al mismo diario que la mujer ha estado trabajando todo el confinamiento en otro centro.