Berlín, 30 de abril de 1945. Hace 75 años. Sala de Mapes del Führerbunker. Últimas semanas de la II Guerra Mundial (1939-1945). Las tropas soviéticas bombardeaban el centro de la ciudad desde los barrios periféricos. El régimen nazi alemán, la máquina de exterminio más mortífera de la historia de la humanidad, estaba a un paso de certificar su derrota. Y en aquel contexto Adolf Hitler -führer-, y Eva Braun -su esposa- se suicidaban. Hitler de un tiro a la templa con una pistola semiautomática Walther PPK (conocida, también, como Pistola Policial modelo Detectiu). I Braun con una cápsula de cianuro (un potentísimo veneno que causa la muerte en cuestión de según).

Cuando menos, esta es la versión oficial. Pero las dificultades del ejército rojo -que fue el primero bastante aliado a ocupar Berlin- para localizar e identificar los cadáveres; la posterior destrucción de los pretendidos restos -a cargo de los servicios secretos soviéticos- y el secretismo en torno a estos protocolos; alimentaría docenas de investigaciones que han intentado probar desde que Hitler y la esposa fueron ejecutados (bien sea por sus colaboradores directos, bien sea por soldados soviéticos que se tomaron la justicia por su cuenta), hasta que la "pareja de la muerte" fue evacuada a otro país, donde pasarían ocultos el resto de sus vidas.

El Führerbunker (1945). Font Bundesarchiv

El Führerbunker (1945). Fuente Bundesarchiv

Los rumores se disparan, precisamente, a partir del momento en que el mando militar soviético en Berlín interroga a los dos oficiales de las SS a quienes Hitler encomendó personalmente el entierro de su cadáver y el de su esposa. Efectivamente, Heinz Linge y Otto Güensche (secretario y asistente personal -respectivamente- de Hitler), fueron capturados al día siguiente y declararían al NKVD (los servicios secretos de Stalin) que el führer y su esposa se recluyeron en la sala de mapas y que se suicidaron a las 15,30 horas. Nadie vio cómo se suicidaban. Y, a pesar de haber oído el tiro que, presuntamente se disparó Hitler, sospechosamente nadie accedió a la cámara hasta pasados quince minutos.

También declararon que los cadáveres en cuestión habían sido carbonizados en una crátera de obús (en el exterior del búnker). Y que en aquella incineración se utilizaron más de 200 litros de gasolina y que aquellos restos estuvieron expuestos a las llamas durante unas tres horas. Meses más tarde, las cenizas serían transportadas y analizadas en un pretendido laboratorio soviético y aunque no había, prácticamente, ningún resto sólido, se concluyó que pertenecían a Hitler, a Braun y a sus mascotas (la perra Blondi y su cría Wulf). A pesar de eso, Linge y Güensche, quedarían encarcelados y serían permanentemente interrogados, siempre con relación a este tema, durante dos décadas.

Bormann, Stumpfegger, Kempka y Axmann. Fuente Wikimedia Commons

Bormann, Stumpfegger, Kempka y Axmann. Fuente Wikimedia Commons

En cambio, el tercer testigo de la incineración, no fue nunca interrogado. Martin Bormann, que había sido el elemento más próximo a la figura de Hitler, oficialmente intentó escapar hacia el sector ocupado por el ejército norteamericano. Lo acompañaban Ludwig Stumpfegger -médico personal de Hitler-, Eric Kempka -chófer personal de Hitler-, y Artur Axmann -ninguna de las Juventudes Hitlerianas-, que, en las altas instancias nazis, era considerado un protegido personal de Hitler. Aunque, oficialmente, Bormann y Stupfegger (así lo declaró Axmann) fueron abatidos por los soviéticos mientras escapaban, la investigación periodística los sitúa, posteriormente en España, en tráfico hacia Sudamérica.

Bormann, la tercera pata del misterio, tenía una curiosa relación con Hitler y con su entorno más inmediato. Era el responsable de "recaudar" los fondos que las empresas alemanas -de buen grado o a la fuerza- aportaban a las organizaciones del partido nazi y de "distribuirlos entre sus dirigentes. Y era el administrador financiero particular de la enorme fortuna personal que había amasado el führer, desde que había alcanzado el poder el año 1933. Corto y raso, era quien conocía donde estaba oculta la fortuna de Hitler y, probablemente, la de una buena parte de los elementos más próximos al führer. Una buena razón para -consumada la derrota-, "suicidárselo" y escapar.

Portada de The Stars and Stripes (Barras y Estrellas), prensa militar de los Estados Unidos. Edició del 02 05 1945. Fuente OS Army

Portada de The Stars and Stripes (Barras y Estrellas), prensa militar de los Estados Unidos. Edició del 02 05 1945. Fuente OS Army

En cambio, la versión oficial insiste en el hecho de que durante las horas previas a los hechos, Hitler comunicó a todo el personal del Führerbunker su decisión irrevocable de suicidarse. Así lo declararían todos los que formaban parte de aquel colectivo y que habían sido detenidos e interrogados por las fuerzas aliadas en el transcurso de los días y semanas posteriores. Naturalmente, los que huyeron, no serían nunca interrogados. Por lo tanto la hipótesis que Hitler fue "suicidado" té tanta fuerza como la de la fuga o la versión oficial del suicidio. Nadie lo vio suicidarse, nadie vio la ejecución y nadie vio su fuga. Salvando la excepción que hubiera escapado con Bormann, Stupfegger, Kempka, y Axmann.

El destino de Hitler y Braun sigue siendo un misterio. Incluso, a pesar de las pruebas de ADN que, 27 años más tarde (1972), se practicaron a unos restos sorprendentemente localizados en Berlin y, que oficialmente, se asociaron a Bormann. No hay datos de los nazis que escaparon. Pero sí que es tiene conocimiento que, sólo en España encontraron refugio más de 13.000 colaboracionistas nazis franceses, que, acusados de crímenes contra la humanidad, nunca fue extraditado. Ni para el régimen franquista, ni para el actual régimen constitucional. Con estos datos, la hipótesis que Hitler habría muerto de viejo en algún rincón del mundo resulta tan plausible como la de la ejecución, o la limitada -y a veces contradictoria- versión oficial del suicidio.