Peñaflor (Sevilla), miércoles, 14 de diciembre de 1904. Al anochecer. Hace 115 años. Después de una intensa investigación, aparecían enterrados en una finca agrícola llamada "Huerto del Francés" los cadáveres de seis personas desaparecidas entre 1900 y 1904. Los cuerpos de las víctimas, en avanzado estado de descomposición, presentaban fuertes impactos en el cráneo, causados por algún objeto contundente. Acto seguido, la Guardia Civil de Peñaflor iniciaba la búsqueda de Juan Andrés Aldije Monmejá, alias "el Francés", propietario de la finca donde habían aparecido los cadáveres, y que, desde hacía días, ya estaba en el centro de las indagaciones policiales.

¿Qué es lo que alerta a la policía?

Unas semanas antes, el 14 de noviembre, Juan Mohedano, un herrero del pueblo de La Rambla (Córdoba), había denunciado a la policía de Sevilla la desaparición de su primo Miguel Rejano. Según la declaración del herrero, Rejano se había desplazado a Sevilla con un maletín que contenía 7.000 pesetas de la época, el equivalente actual a 60.000 euros, con el propósito de hacer unas inversiones. Mohedano declaró, también, que aquel capital era de propiedad conjunta de los dos primos. La policía advirtió a Mohedano que no era el primer caso de aquellas características, y que había un mínimo de cinco investigaciones abiertas con desaparecidos que tenían un perfil muy similar.

El francés detenido por la Guardia Civil Criminalia

El "Francés", detenido por la Guardia Civil / Criminalia

¿Qué es lo que lleva la investigación al Huerto del Francés?

Mohedano, convencido de que la desaparición de Rejano tenía una motivación criminal, se adelantó a la policía, y contrató a Laureano Rodriguez, un expolicía que se dedicaba a tareas de investigación privada. Rodriguez, rápidamente recogió una serie de pistas que lo acabarían conduciendo en el huerto de los horrores. Averiguó que Rejano había sido alojado en la Fonda del Betis. Y que dos días antes de desaparecer, se había reunido en el bar de la fonda con un conocido llamado José Muñoz Lopera, y habían negociado la compraventa de una ruleta que Rejano quería instalar clandestinamente. Y que, el día de la desaparición, había salido de la fonda acompañado por un personaje conocido como "el Borrego".

La pista del "Borrego"

El Borrego era un "gancho" que captaba y conducía personas a precipicios clandestinos donde se apostaban fuertes cantidades de dinero. En la investigación policial, no queda claro que Rejano hubiera abandonado la fonda en compañía del Borrego con la intención de jugar a la ruleta. Todo apunta que Rejano -que todavía no había formalizado el trato con Lopera- quería asegurar la inversión y pretendía comprobar "in situ" el funcionamiento de estos precipicios clandestinos. La investigación policial confirma que el Borrego hizo el trabajo que tenía encomendado, pero, en cambio, Lopera no le quiso pagar. De esta forma, el Borrego, molesto y contrariado, se convertiría en un testigo fundamental de la investigación.

Uno de los cadáveres desenterrados en el Huerto del Francés Criminalia

Uno de los cadáveres desenterrados del huerto / Criminalia

"¡Pepe, cuidado cono la cañería"!

La noche de su desaparición, Miguel Rejano fue conducido por el Borrego en Peñaflor. El trayecto, de 75 kilómetros, lo cubrieron en tren. Acto seguido se dirigieron a la finca del Huerto del Francés situada en las afueras de la población. Allí fueron recibidos por Rodríguez Lopera i Aldije Monmejá, pero en el Borrego se le negó el acceso: fue despedido, en todos los sentidos de la expresión. Según declararía, los dos "anfitriones" y Rejano se dirigieron hacia una casita situada en el interior de la finca. También declararía que los siguió sigilosamente, amparado en la penumbra de la noche, y que Lopera, en un momento determinado, pronunció la contraseña "Pepe, cuidado cono la cañería".

"¡Ay, madre de mí alma"!

En aquel momento, Rejano bajó la cabeza para hurgar entre la oscuridad el posible obstáculo, y acto seguido Aldije -que estaba situado en su espalda- le asestó un brutal golpe en la cabeza con una barra metálica que llevaba oculta dentro de la pernera del pantalón. Rejano cayó al suelo, pero no murió inmediatamente, por qué según el Borrego tuvo tiempo de exclamar "¡Ay, madre de mí alma!". Acto seguido, y siempre según la declaración del Borrego, Lopera le asestó un brutal golpe de martillo a la cabeza, que por su violencia tenía que resultar mortal de necesidad. El cadáver de Rejano apareció con un orificio de grandes dimensiones en la zona del parietal.

El huerto de los horrores

Con el transcurso de las horas aparecerían seis cadáveres: el de Rejano y los de José López Almela, Benito Mariano Burgos, Enrique Fernández Cantalapiedra, Federico Llamas de la Torre y Felix Bonilla Padilla. Presuntamente habían sido captados con el pretexto que se había organizado un precipicio y que se pretendía "desplomar" un francés rico. Y todos habían sido robados y asesinados de la misma forma.

Aldije se escapó, pero dos días después se entregó cuando supo que habían detenido a su mujer y su hijo. Lopera sería capturado días más tarde. Fueron acusados, juzgados, condenados y ejecutados con el método del garrote vil el 1 de diciembre de 1906 en el patio de la Prisión Provincial de Sevilla.