Madrid, 19 de junio de 1890. Prisión Celular de Madrid. Plaza de la Moncloa. Higinia Balaguer Ostalé, de 28 años, sirvienta, acusada y condenada por robo, homicidio e intento de destrucción del cadáver, era ejecutada con el método del garrote vil. La ejecución de Balaguer sería la última practicada con este método en la capital española; pero su detención, juicio y condena sería el primero de la historia de la prensa madrileña que despertaría una guerra mediática entre los medios de comunicación.

Durante los dos años que separan el crimen y la ejecución, Balaguer ocupó, casi de forma permanente, las portadas de todos los diarios de la "villa y corte". Incluso las fuentes relatan que la sociedad de la época se dividió entre partidarios de la inocencia y partidarios de la culpabilidad de la acusada. La ejecución de Balaguer sería el punto culminante de aquel clímax social: sería presenciada por 20.000 personas. Nunca, en la historia de Madrid, una ejecución había reunido a tanta gente. Ni siquiera en la época de los autos de fe inquisitoriales.

El crimen

Dos años antes, el 2 de julio de 1888, la policía, alertada por los vecinos, entraba en el primer piso de la casa situada en la calle Fuencarral, 109 -actualmente 95, esquina con la calle Divino Pastor-; y encontraba el cadáver apuñalado y semi-calcinado de la propietaria: Luciana Borcino, natural de Vigo, de 50 años, conocida como la viuda de Vázquez-Varela, un personaje de la oligarquía funcionarial gallega que había hecho carrera en Madrid.

Gravat d'època representant l'escenari del crim. Va apareixer en pasquins. Font Criminalia, enciclopedia del crimen

Grabado representante la época del crimen

En uno otra departamento de la casa, localizaban la sirvienta Higinia Balaguer Ostalé y la mascota de la víctima -un perro de raza bulldog- que, según la investigación policial, estaban inconscientes a causa de haber ingerido una gran cantidad de narcóticos. El perro acabaría muriendo pocas horas después. También en aquella dependencia localizaron una garrafa de petróleo que habría servido para intentar calcinar el cadáver de la víctima.

¿Quién es quién? La principal sospechosa

La policía, enseguida, centró la investigación sobre la sirvienta. Del pasado de Higinia Balaguer se sabe muy poco. Sólo que tenía 28 años, soltera, nacida en Ainzón (Zaragoza), de origen humilde, y que hacía tan sólo seis meses que servía en la casa de la viuda Vázquez-Varela, y que tenía amistad con otra persona que también se convirtió en sospechosa: Dolores Ávila Palacios, alias "Lola, la billetera", que, en otro momento, había sido la compañera sentimental del hijo de la víctima.

¿Quién es quién? El otro sospechoso, pero menos sospechoso

Higinia Balaguer siempre sostuvo que el autor de la docena de puñaladas que habían causado la muerte de la víctima era el hijo de esta, José Vazquez-Varela Borcino, conocido como el Pollo Varela; de 23 años y soltero, que tenía una fuertísima inclinación hacia el alcohol, el juego, las peleas y la prostitución, y del cual no se tenía constancia que ejerciera ningún tipo de actividad profesional. Pero el Pollo Varela tenía una coartada: la noche que se había cometido el crimen, la había pasado encerrado en la prisión por el robo de una capa.

Retrato de Higinia Balaguer Ostalé. Fuente Centro de Estudis Borjanos. Institución Fernando el Catòlico

Retrato de Higina Balaguer

La investigación policial

El Pollo Varela era uno habitual -de estancias cortas- de la Prisión Celular de Madrid. Pero en el transcurso de la investigación policial se descubrió que el director de la prisión, José Millán Astray, padre del fundador de la legión española, dispensaba un trato de favor al Pollo Varela: salía de la prisión cuando quería. También se reveló una conexión entre el alcaide y el crimen: Evaristo Abad Mayoral, alias el Cojo Mayoral, había regentado el bar de la prisión y había tenido una relación sentimental con Higinia Balaguer.

El móvil del crimen

Higinia Balaguer acabaría confesando que el Pollo Varela la había contratado para hacer desaparecer el cadáver: según su última versión el hijo de la víctima le prometió una pequeña parte de la fortuna que heredaría a cambio de escenificar la desaparición, aparentemente voluntaria, de la viuda Vázquez-Varela. Higinia cumplió con su parte del trato, sin embargo, según se desprende de la investigación moderna, retrocedió asustada a partir del mismo momento en que la policía la detuvo en la escena del crimen.

¿Qué pasó con el Pollo Varela?

La sentencia judicial absolvió de toda responsabilidad al Pollo Varela, a su ex-amante Lola la billetera, y al extabernero y examante de la principal acusada, el Cojo Mayoral. Y el alcaide Millán Astray ni siquiera fue incriminado como presunto cómplice. La prensa de ideología izquierdista de la época vio en este caso el paradigma de una sociedad patriarcal, clasista e injusta, y El Liberal de Madrid lo presentó como una venganza de la clase burguesa a la clase proletaria.

¿Qué pasó con Higinia Balaguer?

Poco tiempo después, el Pollo Varela fue acusado por el asesinato de una prostituta que se precipitó desde un piso alto de la calle de la Montera, en Madrid. Por aquel crimen fue condenado a catorce años de prisión en el penal de máxima de seguridad de Ceuta. Cuando eso pasó, todo el mundo recordó el crimen de la calle Fuencarral, y sobre todo las últimas palabras de Higinia Balaguer sentada en el potro de ejecución: "¡Dolores, catorce mil duros!" una expresión que, entonces, adquiriría una especial relevancia y significado.