Don Benito (Badajoz-Extremadura), 18 de noviembre de 1903. Hace 116 años. La Audiencia Provincial de Badajoz condenaba a muerte a Carlos Garcia Paredes, de 32 años; y a Ramon Martin de Castejón, de 52 años, caciques del pueblo, por la violación y el asesinato con ensañamiento de Inés Maria Calderón Barragán, de 18 años, costurera y planchadora. También se les condenó por el asesinato de Catalina Barragán, de 56 años y madre de Inés Maria. En aquel mismo juicio se condenó a cadena perpetúa a Pedro Cidoncha, el sereno, como colaborador necesario en la comisión del crimen.

Aquel sanguinario episodio, ampliamente difundido por la prensa de la época, conmocionó a la sociedad española, no tan sólo por la brutalidad que emplearon los criminales; sino porque ponía al descubierto que, recién inaugurado el siglo XX, los caciques rurales conservaban -todavía- inmaculado el poder sobre la vida y sobre la muerte -totalmente al margen de la ley- que les venía de una lejana Edad Media. A pesar de las pistas que, desde un primer momento apuntaban a los culpables, la policía se resistiría 44 días a detenerlos. Mientras tanto serían detenidas y torturadas personas que, se demostraría, no tenían ninguna relación con los hechos.

Cadáver de Catalina Barragán. Fuente Blog Extremadura Misteriosa

Cadáver de Catalina Barragán / Blog Extremadura Misteriosa

La víctima principal: Inés Maria Calderón Barragán

Según las crónicas periodísticas de la época (ABC, El Liberal Extremeño, El Heraldo de Badajoz), Inés Maria era un joven costurera y planchadora de condición humilde que vivía con su madre (que era viuda) en una modesta vivienda de planta baja en la calle Padre Cortés. También, según la misma prensa, las dos mujeres eran muy apreciadas por el conjunto de la comunidad local; por su honestidad y diligencia en el cumplimiento de las tareas que se les encomendaba. Y, todavía, destacan que la joven Inés Maria atesoraba una belleza física extraordinaria que habría heredado de su madre, la otra víctima de aquel crimen.

El asesino principal: Carlos Garcia Paredes

También según las mismas crónicas periodísticas de la época, Carlos Garcia Paredes era hijo de unos poderosos latifundistas del pueblo, pero lo señalan como "la oveja negra" de la familia. Lo describen como un hombre alto, delgado, vestido de forma elegante, muy aficionado a la bebida y al juego; y relatan que era un vago sin ningún tipo de actividad profesional; un "chulo" y un "matón" que tenía atemorizado a medio pueblo; y un depredador sexual que, entre otras cosas, anteriormente había sido acusado (pero no condenado) por la violación de una chica con Síndrome de Down de condición social humilde.

Casas acomodadas en Don Benito (principios del siglo XX). Fuente Biblioteca Pública de Don Benito

Casas acomodadas en Don Benito (principios del siglo XX) / Biblioteca Pública de Don Benito

¿Cómo se produjo el crimen?

Las crónicas periodísticas y el auto judicial relatan que la noche del 19 de junio de 1902, Carlos Garcia y Ramon Martin -con la complicidad del sereno- consiguieron acceder a la vivienda de las víctimas. Garcia y Martín, además de formar parte del mismo entorno social, compartían un mismo estado civil de soltería, y eran viejos amigos de juergas desenfrenadas. Una vez en el interior, se soltó un escenario de una violencia extrema: Catalina Barragan (la madre), que sospechaba cuáles eran sus intenciones, intentó echarlos; pero le propinaron una brutal paliza que le causaría la muerte.

¿Pasó en la habitación de Inés Maria?

Garcia le había dicho a Martin que Inés Maria lo había rechazado varias veces, y que merecía un escarmiento. Una vez los dos hombres accedieron a la habitación de la joven, aquel escenario se convirtió en un infierno. Así lo relataba la Guardia Civil: Inés Maria había sido brutalmente golpeada (tenía la cara desfigurada); había sido salvajemente violeta; y había recibido veintiuna puñaladas en el cuello, en los pechos, en el abdomen y en los genitales. Y las sábanas y las paredes estaban totalmente impregnadas de sangre de la víctima. La "omertá" tapó los gritos de las víctimas, y los cadáveres no fueron descubiertos hasta el día siguiente.

Fotografía de Don Benito (principios del siglo XX). Fuente Biblioteca Pública de Don Benito

Fotografía de Don Benito (principios del siglo XX) / Biblioteca Pública de Don Benito

La investigación

La Guardia Civil detuvo, en primera instancia, como sospechosos a Carlos Suárez; un médico oftalmólogo de la vecina Villanueva de la Serena que había alquilado a las víctimas una habitación para pasar consulta a Don Benito; y a Saturio Guzmán, un joven de condición humilde que estaba enamorado de Inés Maria. Aunque el rumor popular señalaba Garcia Paredes y Martín de Castejón, la Guardia Civil los encarceló y torturó durante 44 días. La investigación moderna relata que fueron golpeados brutal y reiteradamente; y les clavaron astillas bajo las uñas de las manos y de los pies.

El desenlace

Un anónimo (probablemente un familiar del oftalmólogo inculpado) ofreció una recompensa de 500 pesetas (el equivalente a 25.000 euros) a quien pudiera ofrecer información. Entonces entraría en juego la figura de Tomás Alonso Camacho un testigo sorprendido que, en una mezcla de valor y de codicia, reveló detalles del crimen que sólo conocían los asesinos. Las coartadas de Garcia Paredes y de Martín de Castejón se hundieron. Juzgados y condenados fueron ejecutados por el método del garrote vil; y la prensa relataría qué sentados al "potro" de la ejecución se les escaparon los esfínteres y la orina.

Fotografía de Inés Maria Calderón Barragán. Font Criminalia. Enciclopedia del Crimen

Fotografía de Inés Maria Calderón Barragán / Criminalia. Enciclopedia del Crimen